Ritmo cardiaco reposo.
Lo mejor es tomarlo de manera automática con un pulsometro que
cuente las pulsaciones ya que se produce mientras aun dormimos, si no contamos
con esa posibilidad hay que tomarlo a mano, en el momento de despertarnos,
permaneciendo lo más relajados posible, ayudados con un cronometro, contar durante
un minuto. Hacer esto tres días y promediar ese número.
El ritmo cardiaco máximo.
Si vas a una médico y te haces una ergometría obtendrás un valor
bastante exacto.
Si estás entrenando, lo mejor es tomarlo con un pulsometro o
contando (menos preciso) en el momento de mayor intensidad del ejercicio.
El más exacto, preparando una prueba de máxima intensidad o en una
competición al máximo posible, porque incluye los factores psicológicos que nos
llevan al máximo del potencial de rendimiento. En ese caso tomarlo con un
pulsometro.
Por último, es posible aplicar alguna fórmula como la que sugiere
descotar a 220 la edad y establecer ese número como la frecuencia cardiaca
máxima.
Esfuerzo percibido.
Es más difícil mensurar de esta manera ya que es muy subjetiva y
está directamente relacionada a la tolerancia personal el malestar, el dolor y
la fatiga. Quienes llevan años entrenando, pueden estar más cerca de ajustar
las sensaciones a la intensidad cardiaca.
Deporte de aficionados.
En todo caso debemos entender que no nos estamos preparando para
una prueba olímpica, si bien nuestro deporte mata más gente que las olimpiadas,
tal cosa no depende directa y exclusivamente mente del rendimiento físico.
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